Un álbum para el recuerdo
Es difícil resumir en unas cuantas líneas la experiencia profesional y personal vivida en Nicaragua en el mes de Septiembre de hace ya dos años. Todo comenzó unos meses antes, cuando en pleno mes de invierno, estando inmersa en guardias, preparación de comunicaciones, realización de sesiones clínicas, me senté un momento a descansar después de un duro día y comencé a hojear la revista de SEPAR Visión. Empecé sin darme cuenta a leer la entrevista realizada a la Dra. Isabel Blanco el verano anterior, en la que contaba como había colaborado en la construcción y funcionamiento de la Clínica Docente de Ciudad Sandino en Nicaragua, a la que se había dirigido con la simple excusa de llevar un espirómetro donado por SEPAR, y en la cual sin tener conciencia de ello había comenzado un gran proyecto al que en el futuro se le daría continuidad con la aparición de las llamadas becas de SEPAR Solidaria.
Fue entonces cuando me pregunte por qué no, porque no podría ser este mi momento, con el que siempre había soñado desde el comienzo de mis estudios de medicina pero siempre lo había ido posponiendo por cosas menos complicadas.
Y allí pasé mi mes de vacaciones, en Ciudad Sandino, un distrito popular, fundado a partir de 1969, para realojar a familias de los numerosos desastres naturales, que han afectado a Managua a lo largo de su historia. En este entorno se sitúa la clínica donde mis tres compañeros y yo íbamos a llevar a cabo la mayor parte de nuestro proyecto.
Han pasado ya dos veranos, mirando atrás lo que tengo en mi recuerdo son sonrisas, lágrimas, sensaciones, de compasión, impotencia, admiración, son tantas y tan difíciles de explicar, que sólo las podrán conocer aquellos que vivieron cada segundo de ese mes conmigo. Pero también guardo en mi memoria muchas imágenes, instantáneas fijadas en un lugar concreto, un segundo que tiene tanto de especial que hace que esa imagen no se olvide.
La primera que recuerdo es la imagen del Dr. Argüello, en la que muestra su entrega y dedicación a la mejora de la Sanidad en Nicaragua, su emoción al desarrollar un proyecto solidario que ayude a su pueblo, su afán por dar docencia a sus compañeros médicos del país y mejorar la asistencia a los enfermos, sin recibir prácticamente nada a cambio.
Desde el punto de vista profesional me quedo con la imagen de las caras de nuestros “alumnos”. Aunque parezca increíble, dada la corta experiencia profesional de todos los que participamos en el proyecto, es tanto el déficit formativo de los profesionales médicos del país, que los cursos que impartimos, los talleres que hicimos, y las ponencias que dimos por todos los hospitales fueron muy gratificantes, sus expresiones de interés por aprender, de motivación, de ganas de luchar por mejorar la asistencia hospitalaria de su país, a pesar de no disponer ni de los recursos mínimos, son imágenes que no se pueden olvidar.
Con esta actividad docente contactamos con un centenar de médicos, me quedo con las imágenes de momentos compartidos, esas comidas juntos o esas conversaciones mientras nos tomábamos un “jugo” cuando nos mostraban sus inquietudes, sus preocupaciones, sus carencias y sobre todo su lucha diaria por los pacientes nicaragüenses.
Saber que instantáneas de los centros hospitalarios que visitamos es más representativa es difícil, sólo con recordar las sensación que tuve de culpabilidad, impotencia o indignación cuando entré el primer día de mi incorporación tras el viaje en el control de enfermería de la planta de Neumología de mi hospital, donde no sólo es que estuvieran todos los antibióticos, analgésicos o drenajes pleurales que tan útiles me hubieran sido durante el mes anterior, sino que además se contaban por decenas. Con el tiempo aprendes a asumirlo y a recordar aquello que si tenías allí y pudiste compartir con los enfermos.
Fue muy gratificante también la asistencia médica, pudimos comprobar la deficiencia sanitaria del pueblo Nicaragüense. Eran muy largas las colas en nuestra consulta cuando anunciaron por la radio que unos neumólogos venidos de España iban a prestar asistencia sanitaria gratuita a todo el que lo necesitara. Acudió gente de todos los territorios y todas las edades, y aunque tuvieran que esperar todo el día a ser atendidos nadie protestaba, sólo expresaban su gratitud por tener a alguien que quisiera ayudarles. Que imágenes…de un niño con insuficiencia respiratoria haciendo una espirometría, una asmática agudizada recibiendo por primera vez tratamiento aerosoles, o un EPOC al que se le enseña cómo tiene que usar un inhalador, cuando nadie antes se había detenido a explicárselo.
El asma es una enfermedad muy frecuente en el país debido a las condiciones de los hogares, con suelo de arena y mala ventilación, acumulándose el humo de la leña que utilizan para cocinar. Una imagen muy bonita es la del Club que creamos, con el que pusimos en contacto a personas con la misma patología, les definimos los factores desencadenantes de las crisis así como, recomendaciones para poder prevenirlas y realizar un uso correcto de inhaladores.
Y no puedo terminar sin acordarme de la instantánea del basurero de la Chureca de Managua, donde viven y trabajan miles de personas, muchos de ellos niños. Centenares de familias han construido sus hogares con plásticos, chapas y maderas entre las montañas de basura. Otros, duermen directamente tirados entre los desperdicios. Allí pudimos conocer a una mujer admirable, tras una vida completa de maltratos y vejaciones, está sacando adelante a sus cinco hijos teniendo como único medio de vida la basura. No tienen nada, pero nos lo dieron todo en nuestra visita.
Por último saco de mi memoria la imagen de un país muy bello, paisajes de ensueño, playas paradisíacas, volcanes en actividad, lagos infinitos, gente acogedora, todo lo que hace que Nicaragua sea un país extraordinario, lleno de riquezas naturales y personales, que tuve la oportunidad de recorrer junto con mis tres compañeros. Agradecida estoy a SEPAR Solidaria por darme esta oportunidad de haberlos conocido, y aunque ahora la distancia haga que nuestra relación sea más esporádica, podremos compartir con los nuestros las fotografías, pero las sensaciones que teníamos cuando las hicimos son siempre algo que sólo podremos comprender nosotros cuatro.
Con el recuerdo de este álbum quiero animar a todo aquel que quiera ser partícipe de un álbum similar, en cualquier lugar del mundo, colaborando en un proyecto médico – humanitario. Este puede ser el momento.
Carmen Calero Acuña |
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